5/10/2026

Seguridad, accesibilidad y utilidad: ¿qué esperamos de la tecnología?

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Persona introduciendo un código de acceso en una pantalla táctil como medida de seguridad y protección de datos digitales.

La tecnología ocupa cada vez más espacios de nuestra vida cotidiana, pero su avance también está modificando aquello que esperamos de ella. Los últimos datos de la Comisión Europea muestran que los españoles sitúan la privacidad y la seguridad online, el acceso para todos y la utilidad en el día a día entre sus principales prioridades digitales. Analizamos qué nos dicen estos datos sobre nuestra relación con la tecnología, qué papel desempeñan las competencias digitales y cómo podemos desenvolvernos de forma más segura en un entorno cada vez más conectado.

La digitalización forma ya parte de muchas actividades que realizamos prácticamente sin pensar en ellas. Hacemos gestiones con la Administración, consultamos nuestras cuentas bancarias, compramos, trabajamos, nos comunicamos y accedemos a todo tipo de servicios a través de una pantalla.

En España, esta integración de la tecnología convive con una valoración bastante positiva de nuestras capacidades digitales. Según los últimos datos de Eurostat, en 2025 el 66,5% de la población española contaba con competencias digitales básicas o superiores, frente al 60,4% de la media de la Unión Europea.

Sin embargo, utilizar más tecnología también hace que prestemos mayor atención a las condiciones en las que queremos hacerlo. Según el Eurobarómetro especial de la Década Digital 2026, el 92% de los españoles considera prioritaria la protección de la privacidad y la seguridad online para la próxima década. Por detrás aparecen garantizar el acceso a las herramientas digitales para todos, señalado por el 90%, y utilizar la tecnología para facilitar la vida cotidiana, con un 87%.

Estos datos dibujan una relación con la tecnología que parece avanzar hacia una nueva exigencia: ya no basta con disponer de más soluciones digitales. También esperamos que sean accesibles, que aporten una utilidad real y que podamos utilizarlas con seguridad y confianza.

Una tecnología accesible para todos

El acceso a la tecnología abre oportunidades para informarnos, aprender, trabajar, comunicarnos o realizar gestiones de una forma más sencilla. Pero poder acceder a una herramienta no significa necesariamente disponer de los conocimientos necesarios para aprovecharla.

Aquí entran en juego las competencias digitales. Saber buscar y valorar información, comunicarnos en entornos digitales, proteger nuestros datos o resolver problemas con nuevas herramientas son capacidades cada vez más necesarias para desenvolvernos con autonomía.

España se encuentra por encima de la media europea en competencias digitales básicas, como hemos visto al comienzo del artículo, pero todavía existe margen de mejora. Además, a medida que aparecen nuevas tecnologías, esas capacidades también necesitan evolucionar.

Por eso, la accesibilidad digital tiene una doble dimensión: que las herramientas estén al alcance de las personas y que las personas cuenten con los conocimientos necesarios para utilizarlas. El aprendizaje continuo se convierte así en una pieza importante para evitar que la evolución tecnológica genere nuevas brechas.

Tecnología útil: cuando digitalizar también significa facilitar

Acceder a la tecnología y saber utilizarla es solo una parte de la ecuación. También esperamos que nos ayude a resolver necesidades concretas y simplifique actividades que forman parte de nuestro día a día.

Lo vemos cuando podemos realizar una gestión sin desplazarnos, acceder rápidamente a información, automatizar una tarea repetitiva o utilizar un servicio en el momento en que lo necesitamos. En estos casos, el valor de la tecnología no está únicamente en que el proceso sea digital, sino en la mejora que supone para quien lo utiliza.

Esta perspectiva también resulta relevante para empresas, startups y administraciones. Incorporar una nueva herramienta o digitalizar un servicio tiene más sentido cuando parte de una necesidad concreta y consigue reducir fricciones, mejorar la accesibilidad o generar una experiencia más sencilla.

En un momento en el que las posibilidades tecnológicas crecen constantemente, la utilidad puede convertirse en uno de los mejores criterios para decidir dónde innovar. La pregunta deja de ser qué podemos hacer con la tecnología para centrarse en qué podemos hacer mejor gracias a ella.

Seguridad y privacidad: la confianza como punto de partida

Junto al acceso y la utilidad aparece una tercera cuestión especialmente relevante: la confianza. Cuanto mayor es nuestra actividad digital, mayor es también la cantidad de información que compartimos y gestionamos a través de diferentes servicios.

Datos personales, financieros o profesionales forman parte de una huella digital que requiere cada vez más atención. Y esta preocupación se extiende también a las tecnologías que estamos incorporando con mayor rapidez.

Según el Eurobarómetro de la Década Digital 2026, la privacidad y la protección de datos son la principal preocupación de los españoles ante el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa. Más allá de una tecnología concreta, el dato refleja una cuestión de fondo: queremos aprovechar las posibilidades de las nuevas herramientas, pero también necesitamos confiar en las condiciones en las que las utilizamos.

Entender qué información compartimos, cómo puede utilizarse e identificar posibles riesgos forma parte también de nuestras competencias digitales. La seguridad deja así de ser únicamente una cuestión tecnológica para convertirse en una responsabilidad compartida entre quienes desarrollan los servicios, las organizaciones que los ofrecen y las personas que los utilizan.

Cómo proteger nuestra información en el día a día

Esa responsabilidad también se traduce en pequeños hábitos que podemos incorporar cuando utilizamos dispositivos, aplicaciones y servicios online. Organismos como el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ofrecen recomendaciones para reducir riesgos y mantener un mayor control sobre nuestra información.

Algunas pautas básicas son:

- Utilizar contraseñas robustas y diferentes para cada servicio y activar la autenticación en dos pasos siempre que sea posible.

- Desconfiar de mensajes inesperados o urgentes que soliciten datos personales, credenciales o pagos, especialmente antes de hacer clic en un enlace.

- Mantener dispositivos y aplicaciones actualizados, ya que las actualizaciones permiten corregir vulnerabilidades de seguridad.

- Revisar los permisos y las opciones de privacidad de aplicaciones y servicios y compartir únicamente la información necesaria.

- Comprobar la procedencia de una comunicación a través de los canales oficiales cuando tengamos dudas sobre su autenticidad.

No se trata de desconfiar de cada interacción digital, sino de incorporar hábitos que nos permitan utilizar la tecnología con mayor conocimiento y control.

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Una tecnología en la que podamos confiar

Accesibilidad, utilidad y seguridad responden a necesidades diferentes, pero están estrechamente relacionadas. Una tecnología difícil de utilizar puede dejar personas fuera; una herramienta que no resuelve una necesidad difícilmente aportará valor; y una solución que no protege adecuadamente nuestra información puede generar desconfianza.

A medida que la digitalización siga avanzando, nuestra relación con la tecnología también continuará evolucionando. El reto estará en conseguir que ese progreso se traduzca en soluciones que podamos comprender, utilizar y aprovechar con confianza.

Porque quizá la verdadera medida del avance tecnológico no esté únicamente en todo lo que la tecnología es capaz de hacer, sino en lo que nos permite hacer mejor a las personas.

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Preguntas frecuentes sobre lo que esperamos de la tecnología

¿Qué esperan los españoles de la tecnología?

Según el Eurobarómetro especial de la Década Digital 2026, las tres prioridades digitales de los españoles para la próxima década son la protección de la privacidad y la seguridad online (92%), garantizar el acceso a las herramientas digitales para todos (90%) y utilizar la tecnología para facilitar la vida cotidiana (87%).

¿Qué nivel de competencias digitales tiene España respecto a Europa?

Según Eurostat, en 2025 el 66,5% de la población española contaba con competencias digitales básicas o superiores, frente al 60,4% de la media de la Unión Europea. España está por encima de la media, aunque sigue existiendo margen de mejora y las competencias deben evolucionar con cada nueva tecnología.

¿Qué son las competencias digitales?

Son las capacidades que permiten desenvolverse con autonomía en entornos digitales: buscar y valorar información, comunicarse online, proteger los propios datos y resolver problemas con nuevas herramientas. Tener acceso a la tecnología no basta si no se cuenta con los conocimientos necesarios para aprovecharla.

¿Cuál es la principal preocupación de los españoles ante la inteligencia artificial generativa?

La privacidad y la protección de datos. Así lo recoge el Eurobarómetro de la Década Digital 2026, que refleja una cuestión de fondo: queremos aprovechar las posibilidades de las nuevas herramientas, pero necesitamos confiar en las condiciones en las que las utilizamos.

¿Cómo proteger mi información personal en el día a día?

Siguiendo las pautas básicas que recomiendan INCIBE y la AEPD: usar contraseñas robustas y distintas para cada servicio con autenticación en dos pasos, desconfiar de mensajes inesperados o urgentes que pidan datos o pagos, mantener dispositivos y aplicaciones actualizados, revisar los permisos de privacidad y verificar las comunicaciones dudosas por canales oficiales.

Porque quizá la verdadera medida del avance tecnológico no esté únicamente en todo lo que la tecnología es capaz de hacer, sino en lo que nos permite hacer mejor a las personas.