11/2/2026

La prevención como clave de confianza según Israel García, Gerente de Fraude en Santalucía

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Fraude digital y ciberseguridad: entrevista con Israel García, gerente de prevención de fraude en Santalucía

Un día después del Día de la Seguridad Digital, la conversación sobre fraude y ciberseguridad sigue muy presente, quizá porque ya no se trata de una cuestión ligada a una fecha concreta, sino de una realidad cotidiana que atraviesa a personas, empresas e instituciones. En este contexto, hoy entrevistamos a Israel García, gerente de prevención de fraude en Santalucía, para entender cómo está evolucionando el fraude digital y qué papel deben asumir las organizaciones en un entorno cada vez más complejo.

La importancia de una culturización digital real

Por qué la sociedad necesita conocimientos digitales básicos

Desde el inicio de la conversación, Israel pone el foco en una idea que atraviesa todo su discurso. La necesidad de una verdadera culturización digital de la población. “Es superimportante que exista una base sólida de conocimiento digital en la sociedad, porque el uso constante de la tecnología nos expone a riesgos que muchas veces no sabemos identificar. No basta con manejar herramientas, necesitamos entender el contexto digital en el que nos movemos y ser capaces de reconocer cuándo algo no encaja”, explica.

El papel del sector asegurador en la sensibilización

En este proceso, el sector asegurador ocupa una posición especialmente relevante, tanto por su alcance como por la relación continuada que mantiene con millones de personas. “Las aseguradoras tenemos un papel clave en la sensibilización de los clientes, precisamente por la relación continuada que mantenemos con ellos. Esa cercanía nos permite informar, acompañar y ayudar a generar hábitos más seguros de una forma natural, integrada en la relación habitual y no solo cuando ocurre un problema”, señala Israel. Generar campañas claras, sostenidas en el tiempo y concebidas como parte natural de la relación habitual con el cliente forma parte de una responsabilidad que va más allá de la gestión de incidencias.

Ese enfoque conecta directamente con una visión ética del negocio. Proteger implica anticiparse, acompañar y ayudar a comprender un entorno cada vez más complejo. “Es una obligación con nuestros clientes y con la sociedad en general. Proteger no es solo responder cuando el fraude ya se ha producido, sino anticiparse, educar y contribuir a que las personas tengan más herramientas para moverse con seguridad en un entorno digital cada vez más complejo”, afirma. Y no es una tarea que deba recaer únicamente en las empresas. Las administraciones públicas también desempeñan un papel determinante, impulsando programas educativos que aborden la ciberseguridad como una competencia básica y que lleguen a todas las edades, desde etapas tempranas hasta la población senior.

El fraude digital como riesgo sistémico

Impacto en sostenibilidad, costes y confianza del cliente

El contexto actual explica por qué el fraude ha dejado de ser un riesgo puntual para convertirse en una amenaza sistemática que afecta a todos los sectores. En el ámbito asegurador, además, adquiere una dimensión especialmente sensible. “Cada fraude que no se detecta pone en riesgo la sostenibilidad del modelo, porque afecta al equilibrio técnico y acaba repercutiendo en los costes que soportan los clientes. Pero, además, tiene un impacto directo en la confianza, que es uno de los activos más importantes en la relación entre una aseguradora y sus clientes”, apunta Israel, subrayando que la confianza es un activo esencial para cualquier relación a largo plazo.

La prevención del fraude como parte de la gobernanza corporativa

Por ese motivo, la prevención del fraude ya no puede abordarse desde una perspectiva exclusivamente técnica. “Hoy la prevención del fraude y la ciberseguridad forman parte del núcleo de la gobernanza corporativa. Hablan de cómo se toman decisiones, de qué prioridades se establecen y de cómo se hacen las cosas, porque proteger a los clientes también es una forma de construir un negocio sólido y sostenible a largo plazo”, afirma.

Tecnología e inteligencia artificial al servicio de la prevención

Analítica avanzada y detección de patrones anómalos

La tecnología se convierte en una aliada clave dentro de este enfoque. El uso de analítica avanzada, la inversión en inteligencia artificial responsable y el refuerzo de equipos especializados permiten detectar patrones complejos y actuar con mayor precisión. “Nuestro objetivo es identificar de forma clara y rápida aquello que es anómalo, utilizando analítica avanzada, inteligencia artificial responsable y equipos especializados. Esto nos permite reducir el impacto del fraude y, al mismo tiempo, agilizar la gestión de los siniestros legítimos, algo que el cliente percibe de forma muy directa”, explica Israel.

Cómo una buena prevención mejora la experiencia del cliente

Así, el beneficio es doble. Por un lado, mejora la eficiencia interna y la capacidad de respuesta. Por otro, tiene un efecto directo en la experiencia del cliente. “Una prevención bien diseñada protege al cliente y mejora su experiencia, porque funciona casi de manera invisible. Aporta seguridad sin fricción, reduce tiempos y transmite la sensación de que hay una organización detrás que cuida y entiende las necesidades del cliente”, señala. 

Evolución del fraude: de ataques improvisados a redes profesionalizadas

Fraude como servicio y uso de tecnologías emergentes

Al analizar la evolución de las estafas digitales, el cambio resulta evidente. “Hemos pasado de ataques oportunistas a un modelo claramente industrializado y profesionalizado. Hoy las organizaciones criminales funcionan como auténticas empresas, con estructuras, especialización, inversión en tecnología y modelos de negocio basados en el fraude como servicio”, afirma Israel. Las organizaciones criminales invierten en investigación y desarrollo y utilizan de forma intensiva tecnologías emergentes como la inteligencia artificial o los deepfakes.

Este escenario amplía el alcance del riesgo y redefine los colectivos más expuestos. Jóvenes, personas mayores, pymes, menores y colectivos vulnerables se convierten en objetivos prioritarios de un fraude cada vez más sofisticado, emocional y personalizado. La tecnología actúa como acelerador, aunque el verdadero punto de entrada sigue siendo humano.

Ingeniería social emocional y colectivos más vulnerables

“La ingeniería social actual explota emociones como la urgencia, el miedo o la confianza. Ya no se trata solo de fallos técnicos, sino de aprovechar momentos de vulnerabilidad o falta de conocimiento para inducir decisiones rápidas y poco reflexionadas”, advierte Israel. Por ello, técnicas como el phishing avanzado o la suplantación de identidad, apoyadas en datos e inteligencia artificial, logran niveles de credibilidad muy altos.

Una respuesta integral basada en cultura, tecnología y ética

Coordinación entre organizaciones, equipos y sistemas

Ante este panorama, la respuesta exige una visión integral en la que tecnología, gobernanza y cultura avancen de forma coordinada. La prevención del fraude ya no se limita a reaccionar ante el incidente. Implica anticipar, educar y diseñar sistemas que protejan manteniendo siempre a las personas en el centro.

Construir confianza en un entorno digital complejo

En el fondo, como apunta Israel, la lucha contra el fraude habla de algo más amplio. De cómo las organizaciones entienden su papel en una sociedad digitalizada, de cómo se construye confianza en entornos complejos y de cómo la ética, integrada de forma coherente en la estrategia, se convierte en un motor real de sostenibilidad a largo plazo.