Qué tienen que ver las cosas que hacía tu abuelo con la financiación pública para startups

Hubo un tiempo en el que muchas cosas se hacían “porque siempre se habían hecho así”. Tu abuelo apuntaba teléfonos en una libreta gastada. Tu abuela sabía de memoria a quién llamar si algo iba mal. Y si pasaba una urgencia, no había atajos, la ruta a seguir era siempre la misma y pasaba por levantarse, buscar el número, marcar y esperar.
Aunque ahora lo veamos con ojos atónitos, no era torpeza ni mucho menos que no supieran cómo hacerlo mejor. De hecho, nuestros abuelos usaban las herramientas y contexto a su alcance a partir del mundo tal y como estaba construido.
Hoy la situación es bastante distinta. Cuando una persona mayor sufre una caída, un dispositivo puede detectarla automáticamente y avisar a emergencias sin que la responsabilidad de avisar recaiga en la propia persona que ha sufrido el accidente. Como decíamos, este cambio a mejor deriva de que alguien, en un momento determinado, se preguntó por qué las cosas tenían que ser así de frágiles.

De fricciones cotidianas a soluciones
Este salto, del “es lo que hay” al “esto se puede hacer mejor”, no es solo tecnológico, es mental, cultural y, sobre todo, colectivo. La teleasistencia surgió a partir de una fricción cotidiana, de esas que se repiten en silencio hasta que alguien decide mirarlas de frente. Desde ahí comenzó un camino largo y poco visible, hecho de ajustes, aprendizajes y decisiones discretas, que con el tiempo permitió convertir una intuición frágil en una solución que hoy funciona.
El papel invisible del proceso de innovación
Ese proceso suele implicar a más de una persona y exige algo más que entusiasmo. Innovar lleva tiempo y recursos, y requiere asumir riesgos antes de que exista una validación clara en el mercado. En este punto, la financiación pública de I+D+i aparece como una herramienta que ayuda a que ciertas ideas puedan avanzar lo suficiente como para ser probadas y evaluadas en condiciones reales. Existen programas públicos con distintos formatos de apoyo que facilitan el desarrollo tecnológico en startups y empresas emergentes, desde subvenciones directas hasta préstamos blandos o incentivos fiscales que apoyan actividades de investigación y desarrollo. En España, instituciones como ENISA, el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) o programas de la Unión Europea como Horizonte Europa ofrecen líneas de apoyo que pueden acompañar a proyectos que necesitan consolidar una fase temprana de maduración antes de acceder a financiación privada.
La financiación pública como palanca temprana
La financiación pública funciona dentro de marcos estructurados y con requisitos de planificación y justificación claros. Estos mecanismos no transforman una idea en éxito por sí mismos, pero aportan recursos que permiten a los equipos validar hipótesis, ajustar soluciones y generar los primeros resultados que atraen atención y confianza. Organizaciones públicas como el CDTI ofrecen apoyos específicos para startups tecnológicas que enfrentan retos técnicos complejos, con convocatorias que financian desarrollo de prototipos y primeras versiones operativas.
Este apoyo tiene una lógica que va más allá de la simple transferencia de dinero. Los programas públicos forman parte de un ecosistema mayor en el que la colaboración entre entidades públicas, universidades y empresas amplía la base de conocimiento disponible y favorece redes de aprendizaje. Desde una perspectiva global, alrededor de un tercio de la financiación total destinada a investigación y desarrollo proviene de fondos públicos, generando condiciones que permiten que empresas emergentes y centros de investigación colaboren y compartan capacidades.
Impacto en el ecosistema startup español
El papel de estos mecanismos es particularmente visible cuando se mira el ecosistema emprendedor en su conjunto. En España el sector de startups ha crecido de forma sostenida en los últimos años y su valor agregado supera los 110 000 millones de euros, con un volumen de inversión que ha escalado en capital riesgo y otros instrumentos financieros. Este crecimiento no se explica únicamente por las rondas de inversión privada sino también por la existencia de un entorno en el que la innovación pública y privada se articulan en distintos momentos del ciclo de vida de las empresas emergentes.
La financiación pública de I+D+i no es un atajo ni una garantía de éxito inmediato. Es una herramienta que permite sostener una etapa crítica del proceso de innovación en la que una idea debe convertirse en una propuesta operativa capaz de atraer más recursos y atención. En este sentido, entender bien qué líneas de apoyo existen y cómo acceder a ellas forma parte del aprendizaje estratégico de cualquier startup que aspire a escalar con solidez.
La filosofía de Santalucía Impulsa
En Santalucía Impulsa se exploran proyectos que parten precisamente de ahí: de observar la realidad con atención, detectar fricciones reales y aplicar innovación con criterio para transformarlas. No desde la épica del “todo es posible”, sino desde una convicción más sobria y potente según la cual muchas cosas pueden hacerse mejor si se les da tiempo, apoyo y contexto.
Porque casi todas las soluciones que hoy parecen obvias empezaron pareciendo innecesarias. Y casi todas las que necesitaremos mañana todavía no lo parecen.

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