19/1/2026

Vidiv: cuando la inteligencia artificial empieza a conversar de verdad

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Hay proyectos que no nacen de una idea cerrada, sino de un proceso de búsqueda. Vidiv es un ejemplo de ello. Su trayectoria se construye a partir de prueba, error y aprendizaje continuo hasta identificar un problema concreto que muchas organizaciones comparten hoy. Tal y como explican desde la startup, el punto de partida fue detectar “la saturación de los equipos comerciales y de atención, y la enorme cantidad de conversaciones repetitivas que consumen tiempo y energía en las empresas”.

La primera versión de Vidiv surge en 2020, en pleno contexto de pandemia, como una solución orientada a eventos online. Fue una etapa de intensa experimentación, pero también de constatación de que la idea inicial no terminaba de encajar como esperaban. El verdadero punto de inflexión llega en noviembre de 2024, cuando el equipo lanza lo que hoy constituye el núcleo del proyecto. “Ahí teníamos claro el problema que queríamos resolver”, señalan desde Vidiv, en referencia al desarrollo de agentes de inteligencia artificial orientados a la atención conversacional.

Aunque el área comercial sigue siendo uno de sus principales casos de uso y el que más clientes atrae, el trabajo con distintos escenarios a lo largo del último año ha ampliado su visión. “Hemos trabajado con muchos casos distintos y eso nos ha llevado a definir mejor hacia dónde queremos ir”, explican. Hoy, el objetivo es claro: “Automatizar cualquier respuesta o proceso que requiera atención conversacional, ya sea por teléfono, web u otros canales, sin perder naturalidad ni calidad en la experiencia”, apuntan.

Victoria, el agente de IA de Vidiv

Esa visión se materializa en Victoria, su agente de inteligencia artificial. La reacción habitual cuando alguien interactúa por primera vez con ella es la sorpresa. “Aproximadamente un 30 % de las personas no se da cuenta de que está hablando con un agente de IA”, explican desde Vidiv, “la experiencia es muy similar a la de una conversación humana. El cliente llama o escribe con un problema real y recibe una respuesta clara, contextual y directa”

La diferencia está en el ritmo. “No hay esperas, no hay silencios incómodos ni música en bucle mientras alguien busca información”, señalan. Victoria responde prácticamente al instante, comparte enlaces, localiza información y guía la conversación de forma fluida. Para el usuario, esto elimina una de las grandes fricciones de la atención tradicional y hace que la interacción sea “más ágil, más cómoda y, paradójicamente, más humana”.

Detrás de esa experiencia hay decisiones técnicas muy precisas. Para Vidiv, uno de los pilares clave es el tiempo de respuesta. “La naturalidad en una conversación depende directamente de la latencia”, explican, y por eso trabajan para mantenerla por debajo de los 0,5–0,6 segundos, ajustando el modelo según el caso de uso. A esto se suma una disponibilidad total. “Victoria está operativa 24/7, no se cansa, no se satura y mantiene siempre el mismo nivel de atención”, explican. 

Otro aspecto diferencial es su capacidad para escalar conversaciones. “Puede gestionar desde una sola interacción hasta decenas o cientos de conversaciones al mismo tiempo, sin pérdida de calidad”, destacan desde el equipo. Esta capacidad técnica se complementa con algo menos visible, pero igual de relevante: la medición. “Al tratarse de un agente de IA, podemos analizar prácticamente todo”, subrayan, “desde el grado de satisfacción o el número de consultas resueltas hasta la duración media de las llamadas, los picos de actividad o incluso preguntas que no estaban previstas inicialmente y que aparecen en el uso real”.

Impacto real en las organizaciones

Los resultados observados en los proyectos donde Victoria ya está operativa refuerzan esa percepción de valor. Más allá de métricas concretas, hay un efecto que se repite de forma constante. “El efecto wow”, señalan desde Vidiv. Muchos clientes llegan tras experiencias previas con chatbots muy limitados y descubren que la inteligencia artificial puede ser realmente útil cuando está bien aplicada.

Ese descubrimiento tiene también un impacto interno relevante. “Hemos visto cómo se rompe una barrera muy habitual, la resistencia al cambio”, explican. En varios proyectos, equipos inicialmente reticentes han acabado pidiendo que el agente esté activo todo el día porque “les libera de una enorme carga de trabajo repetitivo”. En términos de impacto, los resultados más claros se reflejan en “la liberación del equipo humano”, una mayor eficiencia en tareas de poco valor y un aumento en la tasa de resolución de consultas frecuentes. En algunos casos, añaden, se han observado mejoras en conversión que “llegan al 20–30 % en formularios, pagos o procesos guiados”.

La colaboración con Santalucía Impulsa

Este recorrido explica el reconocimiento obtenido por Vidiv y su elección como startup ganadora del programa de aceleración de Santalucía Impulsa en 2025. Un proceso que ha supuesto, además de visibilidad, un entorno de exigencia clave para su crecimiento. “No es lo mismo trabajar con pymes o empresas de tamaño medio que con una gran corporación”, explican desde Vidiv, “las necesidades, los procesos y el diseño del producto cambian completamente”.

Desde su experiencia, la colaboración con ecosistemas como Santalucía Impulsa resulta determinante. “Nos permite crecer más rápido y acceder a niveles de exigencia, escala y rigor que no son habituales en proyectos más pequeños. Al mismo tiempo, es una fuente constante de aprendizaje. Ese contraste nos obliga a mejorar tanto el producto como la visión de negocio y acelera nuestro crecimiento de una forma que sería muy difícil conseguir en solitario”.

Mirando a 2026 y más allá

De cara a 2026, la evolución de Victoria está estrechamente ligada al ritmo al que avanza la tecnología. “Además de voz y texto, estamos explorando nuevos formatos y contextos”, explican, como experiencias exclusivamente textuales para determinados casos de uso. En paralelo, continúan trabajando en reducir aún más las latencias y mejorar la calidad de la voz. También avanzan, “con especial cuidado y siempre con consentimiento”, en la posibilidad de llamadas salientes, un paso que abre escenarios completamente nuevos.

El enfoque es claro. “Construir un producto vivo”, subrayan desde Vidiv. “Hoy hablamos de texto y voz; mañana puede ser vídeo u otro formato que ahora mismo ni siquiera esté sobre la mesa”. La clave, insisten, es “adaptarnos rápido y con sentido a lo que realmente aporta valor”.

Vidiv es, en ese sentido, un ejemplo claro de cómo la inteligencia artificial empieza a abandonar el terreno de la promesa para instalarse en el de la conversación real, útil y medible. Y también de cómo la innovación, cuando se pone a prueba en entornos exigentes, encuentra su valor definitivo.